Yo quisiera reflejarme en tus ojos, escucharme en tus palabras, sentirme en tus manos.
Quisiera ser soñada en tus sueños y vivir en ti. Quisiera respirar me en tu aliento, que cuando el amanecer te alcanzara yo resucitara una vez más en tus pensamientos.
Quisiera ser tanto y tan poco, quisiera ser tú ya.
Quisiera que cuando lloviera, me viera en tu mirada, perderme en el infinito de tu alma, de tu hermosa alma, perderme tan profundo y tan intensamente que nadie más que tú me encontraras. Allá donde no se oye nada, donde crecen tus nubes y tus sueños, allí quisiera vivir.
Quisiera existir en tu vida, en tu amor, en tus ganas de ser mejor.
Quisiera que a pesar de la distancia estuviera cerca, tan cerca como un pensamiento, como imaginarme ahí, tan cerca como un parpadeo de un ciego que recupera la vista.
Anoche, cuando despierta soñaba, te escuchabas resbalando en mis mejillas.
Quisiera, tan profundamente, que te quiero.
D. Della
sábado, 23 de junio de 2012
viernes, 1 de junio de 2012
UN DÍA SOLEADO
Yo te querría, te quisiera si.., es más, te quiero.
Sabíamos los dos, o sólo sabíamos que después de todas las cosas que habíamos no pensado ni pasado, era normal entre nosotros que no nos encontráramos, que simplemente pasáramos la vida uno frente al otro sin hablarnos, mirándonos frente a frente, engullendo las palabras, los sentimientos, los besos, el amor. Tu guardabas tus razones y yo guardaba mis preguntas, mirábamos el tiempo avanzar. Justo cuando pensábamos que habíamos terminado con ésto sonó la campana del tren, era hora de bajarse. Ahora que lo pienso, bien pudiéramos haber permanecido juntos y bajarnos hasta la siguiente estación. La señora a mi lado se habría bajado en ésta y tú hubieras saltado de tu asiento como uno que esta a punto de salvar una vida o cachar algo que se cayó, sólo para no sentarte junto a mí, sino para pararte y regalarle tu lugar y el de la señora a una embarazada y a su hijo. Si, así eres tú. Mientras más intentaba saber qué pasaba entre nuestras mentes, más descifraba tu indescifrable camaradería casi medieval, tan lejana que ni siquiera permitía a tus ojos tocar los míos. Te pensaba y me pensaba, nos pensaba, nos pensábamos quiero creer, ve tú a saber hasta dónde hubiera llegado de haber seguido pensando. Paso entonces junto a la señora que estaba sentada a mi lado y aprieto mi bolso con mi brazo, me escabullo entre los asientos que hacen del espacio entre ellos un pequeño, angosto, irresumible pasillo, espacio, vacío. Los asientos no se pueden tocar, ellos no se tocan, aunque quieran, aunque piensen tocar sus coderas una y otra vez no pueden, no quieren, o si quieren, no pueden, aunque pudieran. Entonces, siento que mis ojos se cierran casi perdiéndote de vista, lucho para abrirlos en contra del sol cegador y te veo caminando veloz, casi corro para ir a tu paso, no me esperas. Me dices una cosa que no entiendo, no logro comprender tus palabras, no las escucho bien, es como si estuvieras hablando en un túnel. Sigo caminando, te sigo. Te detienes de repente, volteas tu rostro a la derecha lentamente como recordando algo, entonces, la inercia súbita empuja tu cuerpo y lo fuerza a seguir tu cabeza, das un giro y quedas casi frente a mí, tus ojos y los míos están por encontrarse, tomas un respiro y me miras, después de tanto me miras. Yo inmóvil y nauseabunda me quedo sin palabras. Te acercas, un paso, otro, miras mi pelo y me miras a mí, casi no lo creo. Parpadeo, no, me es imposible parpadear, caminas hacia mí, ves mi rostro, sigo tu mirada, me es tan familiar, pasas a mi lado, te alejas, te veo la espalda, no querías decirme nada, olvidaste algo en el tren, desconocido.
D. Della
Suscribirse a:
Entradas (Atom)