Efímera espuma de mar, agua salada.
Vas y vienes confusa, distraída. Un día decides avanzar y otro con el mar retrocedes.
El sol sale y se pone y tú no andas, ensimismada en tu vuelco con la arena te olvidas de llegar a la orilla.
Espectadores transeúntes, valerosos nadadores se acercan a ti, les ves, les llamas, les susurras al oído tu poder y te marchas.
Deseosa estas de cubrir el castillito de arena de esa niña que juega en la orilla. -Mira mamá, la espuma.
Regordeta en tus burbujas saltas y desapareces, masoquista te estrellas en los granitos blancos, amarillos, color crema.
Dime espuma, quién te forma? Será la cálida luz del sol por la mañana?
O la brisa tranquila que juguetona baila entre tus dedos de musa.
Desapareces y apareces, te vas y vienes, llegas y mojas mis pies.
Espuma, quién pudiera tenerte, quién pudiera decirte que le perteneces.
Clara y escurridiza corres y te detienes, el mar te llamó, no te deja alejar ni salir a pasear.
Teme perderte, teme que te desintegres en su soledad.
Espuma, blanca espuma,
sedienta de olas,
sedienta de arena.
Todo el día caminas
y en la noche lloras.
Espuma, blanca espuma,
ardiente tiritas
desnuda en la orilla.
Espuma, blanca espuma,
te siento entre mis dedos
y te vas.
D.Della
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