domingo, 6 de mayo de 2012

ESTUDIO


Así como chiquito e insufrible se acerca el temor a perder lo que fue mío, vastamente siento secar mi pelo. Caen las gotas recorriendo mi cuello y se mezclan con las lágrimas que sin pedirme permiso se han exprimido de mis ojos. Siento, solo, siempre, cantar bajo las uñas ese anhelo de arañar tu rostro cuando me miras. Mitad verdad, mitad hombre, mitad sueño. Surjo, surges y resurges entre las cortinas de mi casa que tambaleante se mueve de un lado al otro al ritmo de la canción que escucho en mi mente. Bajo ando, repicando voy. Suerte la mía, que no te ha tenido para sí, no te ha tenido para no perderte.
Cabezas y vueltas corren por mi cama que deambula en mi insomnio, trayendo cenizas del amor pasado, esparciendo las caprichosamente por mis ojos, por mis sueños, por mi piel. Mon amour, qui êtes-vous? Tranquilo y sigiloso te mezclas en mis labios, saliva confusa, retraída, seca. Comes de la muerte, del espacio, a ti que siempre te han gustado las medusas y los infinitos rayos que iluminan la mitad de mi rostro mientras estamos aquí, acostados en el sillón, con nuestras almas medio desnudas, medio mudas, medio viendo, medio lloviendo. Cuándo podremos decir que somos nuestros? Será cuando suene a lo lejos alguna estación de radio que odiamos? O cuando nos toquen para servir nos el café? Ese café que poco le falta para ser sopa, y todo le sobra para ser té. Ruedo mi cuerpo y abrazo mi almohada, cierro mis ojos y te pienso, no estás. La verdad es que estoy dudando si alguna ves estuviste. Reflejo en notas de la luz de una vela.

D. Della

No hay comentarios:

Publicar un comentario