viernes, 4 de mayo de 2012
LA BARCA
Y entonces te buscaba. Con todas mis ganas, con toda mi sangre. Suspendida en el mar vacío, negro, muerto y sin poder encallar sentía la angustia de buscarte, de no tenerte, de haberte perdido. Tus olas con pequeños movimientos de vaivén se movían a sus voluntades, voluntades cambiantes como las estaciones del año, como el lugar, la existencia, el interés. Pensaba que al dejarme mover por la incesante y apasionada fuerza de tus olas me acercaría a la orilla, sentiría por fin la arena de tu playa, pero no. Tus olas me movían y se alejaban, tal y como su naturaleza lo dicta; venían y traviesas revolcaban a mis pobres turistas desprevenidos en bañador y con gafas oscuras y dejándolos medio atontados se iban rápidamente escurridizas en su risa. Buscar tu playa era como morir un momento, dos momentos, morir en vano, en fin morir. Te llamaba y huías de mi eco, ese eco que vanidoso y lleno de orgullo regresaba vacío. Yo te quise, con mis ganas y mis maderos te quise, con mis remos y mi intenso timón te quise. Te quise dos semanas, seis meses, dos años y te hubiera querido. Cada grano de arena de tu playa hubiera querido, cada roca, cada concha, cada alga y cada erizo hubiera querido. Ayer te busqué y te buscaba, vine aquí y no te encontraba, ya no estabas no eras tú, no era tu playa. Te buscaba en medio de mi mundo, de tu mundo, de nuestro mundo, te recuerdas? Qué es nuestro mundo amor? Es un mundo que se expande, que se achica, que preparándose para su final se vuelve cada vez más acogedor al que daña, al que yerra, al rebelde, al amante pero no al amigo. Un mundo que olvida los modales, la confianza, el saludar. Y ya no te llamo amor, porque no has sido y aunque nunca lo escuchaste una vez casi lo digo, que ingenua yo, con mi nueva pintura y mi motor. Ahora sólo por pensar en ti y en tu constante juego ese que juegas, me canso. Me he cansado de buscarte, me he cansado de no verte, de esperarte, de mirar a tu ojos fijos, de no oír una palabra, una respuesta, una pregunta. Ya no te busco amor, amor no eres, amor no has sido. Me vuelco y de repente me veo en la orilla, a mi lado un caballito de mar, ya no esta oscuro, ya no llueve y las olas ya no suenan. Yo, cual escultura de mármol que yace inmóvil, erguida, firme, fuerte, blanca y con la mirada fija al cielo camino. Me uniré a una exposición de esas que viajan por el mundo, me pondré en una vitrina de cristal y mirando a los que me observan recordaré que ya no estás, que ya me he ido.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario