De vez en cuando amaneces a mi lado, y me sonríes. Digo de vez en cuando porque al parecer tu lugar favorito es mi almohada por la noche, donde te empecinas a zigzaguear en mis mejillas cuando desciendes en forma de gotas. No te reprocho que te hayas ido, después de todo sabemos que la culpa no es del gato.
Dime, sueñas conmigo?
Yo no sueño contigo,
te viví y te vivo.
Te vivo cuando camino por la calle en la que aquella noche caminamos sonrojados, te vivo cuando bailo abrazada a mí, te vivo cuando saludo a Don Lucio en la esquina, te vivo, y sí, si te sueño.
Sueño que nos vemos, que caminamos, que nos detenemos uno frente a otro, otro frente a uno y nos reconocernos. Me miras y te sonrío, entonces reconozco tu lunar pequeño en el ventrículo izquierdo de tu corazón, ese que tienes justo antes de salir a la aorta. Reconozco tu cicatriz en los pulmones de cuando descubriste el inmenso y dañino placer del tabaco (menos mal que lo dejaste), reconozco tu marca de nacimiento en el lóbulo izquierdo del hígado, esa que no te gustaba que nadie te viera. Te reconozco y me reconoces, nadie más sabe de mi visión doble, de mi catarata que en picada desciende por mi alma haciendo un estruendo infinito de las aguas. Es extraño, siempre quise decirte tantas cosas y no te las dije, cosas como buenas tardes, cómo estas hoy? Dormiste bien? En cambio tú, nunca te guardaste nada, pulcro y burdo me abrazabas con tus letras, tus letras que enmarañadas salían de tu boca, de tu aliento, de tu inmenso mar de pensamientos, pensamientos que guardaste para mí.
Lo ves, te recuerdo.
D. Della
No hay comentarios:
Publicar un comentario